¿soy un bicho raro por no tener televisor?

Yo no veo televisión porque no tengo televisor, o viceversa. Mi alejamiento de la televisión desde hace ya muchos años me ha acarreado no pocas burlas y  cierta clase de aislamiento social. Porque yo nunca vi Los Simpson más que accidentalmente, porque solo vi, obligada por mi hermano mayor un capítulo de Los Caballeros del Zodiaco, otro de Dragon Ball-Z en el que Gokú hace la “triple jenkidama mortal”, porque sólo  ví 3 o 4 capítulos de South Park por llevarle la idea a un novio, porque tuve noticias de muchas series apestosas como Súper Campeones porque no había nadie, nadie que no hablara de ellas.  Entonces cuando hablan de TV a mi me toca callarme, o decir:  ah no, es que yo no tengo TV, mientras que amigos y conocidos se preguntan atónitos que hice en los 90’s mientras tantas cosas fantásticas pasaban en la TV, y en su fuero interno piensan, vé que mujé tan amargada. Pues fue la época de la aparición de las parabólicas, un “privilegio” que antes de la masificación del servicio estaba reservado a muy pocos, y de las que sólo era frecuente observar en barrios bogotanos de gente muy pero muy platuda. Luego el privilegio de tener 70 canales y aún así sentir que no había nada interesante que ver se “democratizó”.

bicho raro

Suelo responder a estas burlas –orgullosamente- diciendo que los 90’s fueron los dorados años en que descubrí las cosas que chicas y chicos podían hacer juntos, lo que me mantuvo felizmente alejada de las pantallas durante mucho tiempo.  Pero si, claro, alguna parte de mi vida infantil transcurrió frente a las pantallas, viendo Plaza Sésamo, las  aventuras de la pequeña Lulú, Los Pitufos, los Barbapapa, las locas carreras de autos, las aventuras de Tom Sawyer, Corazón, La abeja Maya, José Miel y demás cursilerías (lo que explica mi tendencia al drama), y padeciendo mazinger-z , el capitán centella y todos esos programas de niños tontos que le gustaban a mi hermano. Y soñando claro, como todo niño, con poder atrapar a uno de esos pequeños suspiritos azules que muy seguramente debían vivir dentro del TV y que de repente uno podría tener, si se atrevía como yo, a coger un destornillador e intentar abrir la caja mágica. El uso del TV había que rifarlo por horas para que yo viera mis cosas de niña y mi hermano sus cosas de niño. Porque eran otros tiempos, porque no había TV todo el día, porque solo había un TV en casa, y porque estábamos determinados por la existencia de solo 3 canales, el uno, el dos y el 3.   Así de simple.

Así que yo no puedo hablar de mis series favoritas, ni analizar la complejidad sicológica de tal o cual personaje, ni adelantar hipótesis sobre qué es lo que pasa en Lost, ni siquiera rajar o reirme, como mi buen amigo @fritolas con la asquerosa televisión nacional.  A lo sumo atinaré a decir que ya en tiempos de parabólicas y TV por cable algunos programas me gustaban, y si no había NADA MÁS QUE HACER, caían en la lista algunos capítulos de Frasier, Mad about you, Friends y algunas comedias refritas como Cheers y Tres son Multitud o cualquier programa de carácter detectivesco,  Monk, La Ley y el Orden y muchos, muchos de los que están a la orden del día.

Digamos que después de la infancia,  ya en la adolescencia la TV fue el último bastión de mi aburrimiento, el último lugar, la última opción cuando los novios se habían marchado, los amigos andaban felices y ennoviados, y el dolor y la desesperanza anidaban en mi corazón. Entonces yo me embrutecía de televisión, como quien traga sin importar el sabor o la calidad de lo que come, como inyectándome suero para sobrevivir a las largas horas de aburrimiento, que en esas alienantes jornadas se me antojaban muy parecidas  a las crisis existenciales en las que caía Sherlock Holmes cuando no tenía misterio alguno por resolver, y entonces se embrutecía de opio.

En mi caso, esa corta y maravillosa parte de existencia que transcurrió frente a las  pantallas –la infancia- está ligada siempre en mi recuerdo a gratos momento de unión familiar y a muchos hechos de esa realidad nacional que hicieron impronta en mi humanidad, y que más allá de su significado mediático, político o de su influencia en la historia patria, llegaron a mí a través de la caja cuadrada.  Era un nexo con el mundo, con el propio y el exterior, digamos una ventana grandototota, porque a través de ella se me contaba como era el mundo allende mi pequeña ventana, y por lo que muchas veces soñé con un megatelevisor en el que se proyectaran en simultánea todas las vidas humanas posibles, pues me parecía que era maravilloso poder saber que hacía cualquier persona, en cualquier momento. Así como en la adolescencia fue el último bastión de mi aburrimiento, en la infancia la TV fue uno de los principales bastiones de la imaginación, pues como todo niño quería una casa en el árbol como la de Huckberry Finn, y quería poder tomar pastillas de chiquitolina o tener súper poderes como la mujer maravilla (único personaje decente y que merece recordación de los súper amigos y el salón de la justicia u_u).

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El televisor significó muchas cosas en mi mundo infantil, siempre un motivo para permanecer o luchar con mi familia. Significó mucho en la vida y dinámica de las familias, en las que ahorrar para tener un TV decente para ver el mundial de fútbol se convirtió en objetivo central,  y en las que las luchas se intensificaron entre hermanos, madres y padres por el control remoto, por el derecho a ver lo que uno quería y por el derecho a no querer hablar, no querer reír, no querer mirar al lado si se estaba viendo el programa favorito, hasta que los papas o las esposas furiosas tenían que gritar : “se le van a poner esos ojos cuadrados de tanto ver televisiòooon!.

Se castigaba y se castiga  a los niños con la supresión de la señal televisiva,  y ha impuesto tantas rutinas en las vidas humanas que aún hoy en día siguen siendo frecuentes las luchas entre parejas “es que no me pones cuidado cuando ves tv”, o “ves tv todo el día”, “no salimos nunca, siempre vemos TV”,  a lo que el señor contesta “trabajo todo el día, ¿no tengo derecho a ver tv tranquilo un rato?”.

Si, ver la TV se convirtió en un derecho, el derecho a escapar de la realidad para sumergirse en otra no siempre más loable o enternecedora que la propia, simplemente otra. Y en un deber de todo padre:  el deber de proveer a su familia de un aparato decente que a más de ser otro objeto , fue y sigue siendo un marcador de status en la sociedady un elemento como no, de poder,  poder o  no saber, poder o no interpretar esa “realidad” también velada como la de las ventanas de las casas.

Y también fue una forma de aprender muchas cosas, entre ellas a esperar, ya que quienes tuvimos la fortuna o desgracia de ser niños en los 80’s y adolescentes en los 90’s aprendimos a esperar, porque el mundo no estaba a un solo click, ni había torrents para descargar los 400mil capítulos que debieron transcurrir desde que José Miel empezó a buscar a su señora madre hasta encontrarla, padeciendo muchas, muchas penurias . Porque para ver las maravillosas aventuras de Tom Sawyer había que esperar a que fuera la hora en la que se transmitía Tom Sawyer, y desde horas antes se advertía al hermano mayor que viera todas las porquerías que quisiera y que se le daba LO QUE FUERA A CAMBIO , pero que Tom Sawyer era irrenunciable. Aquí una de las imágenes más gratas y emocionantes de mi infancia frente al TV [Tears]

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Cuando mi buen amigo @cinealoido me invitó a escribir en este blog obvié decirle que YO NO VEO TELEVISIÓN -lo siento Pacho :P - , sin embargo él dijo claramente “habla sobre cualquier cosa que te ponga los ojos cuadrados”, son muchas, demasiadas, he aquí algunas de ellas y las que sugerirán al lector que hacía yo mientras el mundo transcurría en las pantallas de TV, una parte del mundo que me perdí y que siempre me suscita la pregunta ¿porque carajos yo no veo televisión?.  Siempre me gustó mucho ver por la ventana y las horas se me iban tejiendo historias sobre lo que pasaba detrás de esas cortinas ¿ es acaso sustancialmente diferente?

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Valga decir como corolario mamerto -infaltable- que aunque siento que me he perdido de muchas cosas y me he ganado muchos abucheos y burlas, creo también haberme mantenido a salvo de no pocos estereotipos detestables muy frecuentes en la TV gringa y que gracias a eso no padezco del por mí denominado síndrome de Ally Mc beal, ni tampoco del de Bridgette Jones. Lo que deja claro que mi conocmiento tampoco es tan básico como para no  poder detectar a mis amigos varones que se creen Dr House, o a las chicas que quieren ser como las tipas de Sex and the City.  Bahh, al diablo con mamerterías, que cada cual sea o se crea lo que le venga en gana, ese es el poder de la mágica caja cuadrada, parte de su encanto, un poder que aunque creemos inherente a su existencia sigue siendo nuestro, no de la caja, ni de quienes la llenan de basura o fantasía. El poder de prender, apagar, cambiar de canal, o simplemente irse  a ver el mundo por la ventana.  Ah si, se informa que la próxima semana compraré un TV , de repente me sigan invitando acá y sería bueno tener algo más entretenido que decir !!!

Me voy con un par de vidios de lo que siempre quise ser gracias a la TV

1. La mujer maravilla (no lo logré aunque me disfracé muchas veces, tantas como pude)

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2. Voyagers (lográndolo, todavía no tengo el ovni, pero las ganas todas :D )

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Posteado por :  Aleyda Rodríguez a.k.a mermelada


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