Ojos cuadrados de puro melodrama
O tal vez debería decir: corazón cuadrado. Tengo el ligero pálpito de que nuestra generación ha construido su discurso amoroso sobre el que nos presentan el cine y la televisión. Hacemos las veces de guionistas de nuestra propia realidad amorosa, imaginando puestas en escena, tramas elaboradas, disolvencias, cámaras lentas, bandas sonoras y desenlaces sorpresivos. Está bien, de pronto solo yo lo hago porque soy tremendamente novelera. Es que hice un máster:
Lavada de cerebro: las bases del melodrama insertadas en la infancia
Tengo ligeros flashes de la lágrima de José Miel que duraba minutos en su ojo antes de resbalar por su mejilla, adoraba a Los Pitufos, Thundercats y Los Súperamigos, pero mi mayor recuerdo de lo que veía en TV de niña es un programa llamado Jem y The Holograms. Nada más miren el cabezote para que vean que tiene todos los ingredientes clásicos de una novela: una protagonista que hacía empatía con el público, la lucha entre el bien y el mal, un secreto, una herencia y, claro, romance. Mis amigas imaginarias de la infancia eran The Holograms (nótese la falta de ironía).
Jem en realidad se llamaba Jerrica y esa doble ere en su nombre (como Farrah) hacía que me identificara con ella.
Si alguien quiere ver la serie desde el primer capítulo, le dejo el enlace. Hay varios episodios.
Eso era los sábados, pero entre semana casi me empaqué la historia de la telenovela mexicana y/o venezolana. Por mis ojitos preadolescentes pasaron Los Ricos También Lloran, Colorina, Quinceañera, Cristal, Leonela, Topacio… en fin, o mejor, sin fin. Crecí con televisión en mi cuarto de hija única y tuve tiempo para ver todas las novelas que veían los “grandes”. Pero no todo fue material extranjero, a los colombianos también se nos da bien el melodrama y afortunadamente a mí me tocó la era sin televisión por cable con, todavía, buenos escritores. Recuerdo mucho Escalona, Sangre de Lobos, Señora Isabel, Sueños y Espejos. También vi Café, claro. Y la volví a ver. Y la volví a ver. Y ahora la veo de vez en cuando.
Melodrama enlatado con etiqueta de “Libertad Sexual”
Yo ya era una mujer adulta cuando me atropelló, digo, me topé con Ally McBeal. Ni Kevin Arnold, de Los Años Maravillosos, con su voz en off y su claro olfato para ficcionar la realidad me había preparado para presenciar lo que traía esa serie: si Ally se sentía “trágame, tierra”, efectivamente el sofá en el que estaba sentada se la tragaba.

Ah, sí, un día también se quedó atascada allí
Yo por las noches cantaba (rezaba) la letra de la canción del cabezote, soñando con, algún día, encontrar el camino a casa (y así fue). Estos efectos especiales, sumados al trauma del ex novio de infancia y la increíble música de todas sus temporadas, hicieron de Ally McBeal la novela tonta para adultas-con-mentalidad-adolescente por excelencia… antes de que llegara Sex and the City, claro. Oh, esperen, Carrie Bradshaw, la protagonista de Sex and the City también vive enamorada del eterno ex novio. Así es, no avanzamos mucho en eso. Pero algo tenían en común estas dos series: sexo. Mientras llegaba el tan anhelado príncipe azul (que ya saben que no existe, ¿cierto?) este par de chicas, esta docena de chicas, tiraban como locas (como tiran todas, ¿es que acaso una MUJER no se puede divertiiiiirrrrrr?).
Pero como Barranquilla no es Nueva York, sino más bien un pueblito tipo Capeside, pues también veía Dawson’s Creek. Romance, sueños de ser cineasta, sueños de largarse del pueblo para siempre, ¡ah! me identificaba totalmente. Cómo pude soportar por tantos años a Katie Holmes es un misterio. No, ya sé, fue gracias a Joshua Jackson. ¿Cómo iba yo a poder resistirme a este drama adolescente si el daño ya estaba hecho desde una década antes gracias a Clase de Beverly Hills (Beverly Hills, 90210)? Creo que esa serie la vimos todos, pero pocos hasta el final. Bueno, yo la vi hasta el último episodio, cuando ya no había virginidades que perder y todos los drogadictos estaban rehabilitados.

Clase de Beverly Hills o todos con todos
Actualmente veo tres telenovelones: Desperate Houseviwes, que es algo así como “la ciencia ficción de las series melodramáticas”; Grey’s Anatomy, que la escriben a los trancazos pero sus finales de temporada son tan buenos (como el que acabamos de ver) que uno perdona todas las divagaciones en mitad de temporada; y Brothers and Sisters, de la que no hay nada más que decir excepto que es una novela en toda regla, nadie viaja en el tiempo, nadie se teletransporta, nadie mata a nadie, pero es eficaz: la madre Sally Field (la súper, súper actriz) + la hija Calista Flockhart (oh, mi querida Ally McBeal) = Drama.
El melodrama está por todos lados, no se descuiden
Sólo me resta cerrar este post contándoles que eso no es todo el melodrama que he visto en la vida, pero que aún no me canso. Cómo olvidar a Buffy y Ángel o Buffy y Spike, cómo pasar por alto las muchas temporadas esperando que Mulder y Scully se dieran un beso, cómo negar que en medio de tantas risas de los Friends también hubo espacio para una lagrimita, cómo pasar por alto a Carol y Doug o Luka y Abby que me mantuvieron 15 temporadas en la misma sala de emergencias, cómo no preguntarse qué pasará con Jack, Kate, Juliet y Sawyer si llegan a otro espacio-tiempo, cómo no fantasear (alucinar) con que Greg House se acueste con Cuddy, cómo no esperar que mi amado Pacey de siempre, ahora convertido en Peter, sienta algo romántico por Olivia Dunham.
Porque finalmente, todos tenemos nuestro corazoncito y algo de melodrama escondemos en él.
Háganme un favor y vean este video del final de Los Años Maravillosos, para que lloren y honren este post.
“Crecer sucede en un latido. Un día estás en pañales y al día siguiente te vas. Pero los recuerdos de la niñez permanecen contigo todo el camino. Recuerdo un lugar, un suburbio, una casa, una casa como muchas casas, un patio como muchos otros patios, y una calle como muchas otras calles. Pero lo curioso es que, después de todos estos años, aún lo recuerdo, maravillado”. K.A.
La definición de melodrama, por si las moscas. Y de patético.

