Las muertes ajenas, las muertes propias y la televisión al lado
El viernes 18 de agosto de 1989, después de “Los Magníficos” presentaban una serie que cautivó la teleaudiencia nacional por cuenta de su “cruda” realidad melodramática: “Amar y vivir“, dirigida por Carlos Duplat y protagonizada por María Fernanda Martínez, Luis Eduardo Motoa (antes de convertirse en Carlos Alberto) y Waldo Urrego como “Cuéllar”. En la mitad de un importante episodio la programación se paralizó por cuenta de la noticia que hoy, 20 años después sigue rondandonos la cabeza: el atentado y posterior muerte de Luis Carlos Galán. Yo estaba con mamá y papá. Mis hermanos como eran más grandecitos andaban de parranda o en otros menesteres que no son del caso. Recuerdo a mi padre llorando porque su gran caudillo se hallaba a un par de cuadras, en el hospital Kennedy de Bogotá. Terminó el especial de noticias y de inmediato dijo “Voy a acompañar a Galán”. Yo (estúpidamente) le preguntaba “¿pero no estamos viendo Amar y Vivir?”. Con su especial tono me dijo: “no mijo, esto es de verdad“. Lo que salía en televisión era real y era ficción pero resumían lo mismo, la muerte. Eran dos “producciones” que se desarrollaban de manera paralela, pero independiente de qué clase social, nivel de educación o corriente ideológica fueras, siempre perdías. A Galán lo mataron el mismo día que veíamos una serie colombiana en la que colombianos se mataban, y todo lo vimos y vivimos a través de la televisión. Esas eran muertes cercanas, muertes propias y muertes ajenas también.
“Amar y vivir” (fue lo único que encontré :S)
Cuando las muertes son propias y la televisión nos las cuenta
Manuel Mejía Vallejo escribió en 1979 una desgarradora novela que contaba una particular práctica (que seguro se mantiene) de una porción de esta podrida sociedad colombiana: vivir de “Las muertes ajenas“, vivir de reclamar cuerpos NN en medicina legal para salir a la calle con el cadáver a pedir dinero para poder darle sepultura. Mentira, recogían plata y se deshacían del cuerpo cuando ya no podían utilizarlo más (obvia aclaración). Años después, en 1988 y en el horario estelar de las diez de la noche, Punch Televisión decidió dar rienda audiovisual a esos sobrecogedores textos del escritor antioqueño. Una novela de televisión que nos montaba en la película de una problemática social desconocida por muchos. Personajes que fueron la risa y tema de colegio al otro día como “Pata e’palo“. Allí actuaban Luis Fernando Múnera, Sebastian Ospina, Alejandra Borrero y German Rojas … Yo tenía poco más de doce años y me “trasnochaba” para ver esas imágenes que por obviedad me sorprendían. Eran las ficciones de la pantalla que hablaban de muertes que no dolían porque las sentía muy lejanas, muy ajenas, muy de televisión.
Nuestras generaciones han crecido con la muerte rondando por todos lados. Somos protagonistas de novelas de la vida real. Somos maestros de la ilusión porque tenemos una capacidad de rendición ante el olvido como casi ninguna otra sociedad la tiene. O por lo menos sociedades cercanas todavía se sorprenden con las muertes de barrio, las de la vida real. Vivimos con la muerte rondando en las noticias, en los periódicos, en el día a día. Nuestra cultura violenta nos ha hecho replicar modelos televisivos de culturas extranjeras, aplicandolos a contextos de barrio, de casa. Pero es la hora que después de 50 años de historia violenta y después de 50 años de televisión nacional, no tenemos el juicio para separar realidades extranjeras de realidades nacionales. Por eso el reencauche y por eso la figura del “formato” televisivo pega especialmente en Colombia y no en otros países del continente. Reciclamos todo lo ajeno y nos jactamos de adaptarlo camaleónicamente.

Foto Federico Ruiz
La televisión y la prensa del medio se ha encargado de relatarnos de primera mano todos y cada uno de los acontecimientos violentos que se han dado en este país en estos siguientes 20 años después de Galán. Bajo el gobierno de Virgilio Barco y el tema de Pablo Escobar nos acostumbramos a tener especiales de noticias y cubrimientos periodísticos en televisión cada pocos días. Eran siempre noticias malas, era la aterradora violencia de un país que se seguía consumiendo en su insensatez. Podían hablar de otros temas, pero era la muerte lo que más vendía y “entrenenía”.
En los últimos diez años poco ha cambiado, o mejor, sí ha cambiado algo: la profesionalización de nuestros realizadores, el nivel que llaman. Ahora tenemos las mismas historias de hace 20 años pero con mejor técnica y producción. Ya contamos con profesionales capaces de regalarnos las mismas historias de muerte, pero con calidad de alta definición y con efectos especiales. Y claro, ya contamos con canales privados que destinan cantidades exageradas de presupuesto para sacar hstorias de muerte tipo exportación o que en su defecto se puedan vender en paquete DVD unos meses después de su emisión, o por qué no, sacarle versión cinematográfica como pasó precisamente con “Amar y vivir“.
Ahora RCN anuncia “El capo” y caracol anuncia otra con Amparo Grisales. Lo mismo: muerte, violencia y ¿realidad?. Y obvio, van a cautivar a la teleaudiencia. Ciclos dementes sin fin. Pero, realmente ¿Esta es Colombia? Me lo he preguntado en ese blog una y otra vez. Y todo sigue igual o peor. La televisión comercial de Colombia sigue apestando. O por lo menos, la que nos quieren meter por los ojos.
No me gusta la muerte, no me gusta la muerte violenta, no me gustan las muertes ajenas o propias, no me gustan los medios que triunfan a partir de la pornoviolencia, no me gustan las historias donde la violencia es el argumento para mostrar país, no me gustan las crónicas de periodistas o documentalistas que se ufanan de mostrar la realidad. Yo no las veo. Por fortuna tengo otras opciones, pero, ¿y los que no?. Yo no quiero ver a Sofía y los de su generación (primos suyos, hermanitos, hijos) en medio de una sociedad sumida en la cultura de la muerte.
No se trata de no querer ver la realidad, se trata de querer ver otras realidades: las realidades ajenas, las realidades propias y que la televisión no me diga que sólo tienen que ver con la muerte.
9 Comentarios
astronautaperdido on Agosto 19th, 2009
Es una cosa muy asombrosa la memoria y como algunas personas recuerdan hechos duros asociados a momentos en que estaban viendo la tv… A mi tampoco me gustan las muertes violentas, pero en televisión si… pufffff, mis tendencias sicópatas, supongo… Y pues tengo que decir que yo – como obsesivo con las noticias que soy – muchas veces he visto crónicas periodísticas y documentales que van por ese lado que decís, pachito, tristemente también ese soy yo…
Más allá de estos documentales de pacotilla que mencionás, yo criticaría la ambición mediática y la ceguera mediática, en la que sólamente importan algunos “muertos importantes” y otros no… Y me refiero puntualmente a que no he visto especial de nada por josé Antequera, por Hector Abad Gómez, por Antonio Pizarro, por Antonio Roldán Betancur, por como 4.000.000 millones de desplazados…
Donde está el espacio televisivo para esa gente? Esa es mi pregunta. Y quisiera respuestas ya, no para cuando mis hijos, sino para mi y para todos los que estamos vivos ahora.
Saludos
Vulturno on Agosto 19th, 2009
El protagonista de las muertes ajenas era ni más ni menos Jorge Emilio Salazar, quien por esa época estuvo en alguna lista electoral de la Unión Patriótica.
leidymarmalade on Agosto 19th, 2009
Yo añadiría a ese sabroso cóctel “muerte y violencia” el componente de las siliconas, que en conjunto puede resumirse en ese estereotipo tan colombiano, que en palabras de Fabián Sanabria en
El Tiempo de este fin de semana se resume así “esa vaina de ser el macho-traqueto-Pepe Cortisona para la Yayita es repugnante en este país”.
No sé, vi la propaganda de la novela esa de Amparo Grisales y siento algo casi cercano al vómito, la TV Nacional realmente me repugna por las cosas que menciona Pacho en el post, y por esa estética asquerosa que ni siquiera se como definir. Son los colores, son las imágenes, es lo que se dice, es todo, es la idiosincracia nacional, ahí plasmada.
El anhelo tan colombiano de ser un traqueto con billete o una vieja buena para levantarse y amarse mutuamente, y jartar y tener líos pasionales, así como negocios en el “bajo mundo” y un buen fajo de billetes. Si, la cultura del narcotráfico en toda su expresión.
Y no, no tengo tantas tripas como para sufrirlo irónicamente o para sentarme a reír de la patética programación nacional. Me da un poco de risa que se burlen de la TV peruana, cuando en realidad no tenemos nada que envidiarle a ese circo triste y malcolorido.
cinealoido on Agosto 19th, 2009
Alanafarrah -> Las preguntas seguro las resolveremos si nos atrevemos a contar historias, así no lleguen a la televisión. A Sofía le cuento historias a toda hora, incluso con el propósito de llegar a ésto. No se si la Tv sea el medio, pero sí estoy absolutamente seguro que es lo que debemos hacer.
Federico -> De las muertes violentas creo que me gustan las tramas de series como Dexter o Epitafios, pero lo que me gusta realemente es el juego psicológico que hay en juego. Las respuestas que buscas no las vas a tener por ahora, de hecho creo que nunca. Si no tenemos respuestas oficiales mucho menos de medios parcializados.
Vulturno -> Claro que sip! Jorge Emilio Salazar, el mismo actor que omití en este post y que claro que protagonizaba la serie. Gracias por acordarme.
Leidymarmalade -> Lo de la estética ni lo alcanzo a mencionar porque claro, es lo que “nos define” o como nos quieren definir. A punta de colores desteñidos y llenos de mentiras y manipulaciones, las productoras nos proponen consumir cocktelillos de buenas producciones con la misma retajila.
De acuerdo, miramos y nos reimos de Laura en América, pero el circo acá se ve mejor porque hay buenas producciones, pero en el fondo nos alimenta la misma necesidad morbosa de mirarnos y referenciarnos en nuestros propios problemas.
Vulturno on Agosto 20th, 2009
Otra trivia infaltable de las muertes ajenas (la cual nunca vi, salvo los comienzos de episodio). El cabezote era con música de Blades y Colón (de una especie de opera salsa): Camino al Barrio
José Luis Serrano on Agosto 31st, 2009
No saben cuánto he tratado de recordar esa noche en que mataron a Galán. Sabía que algo importante estaba viendo cuando saltó el Flash Informativo, ya ni recuerdo el noticiero (¿Tv Hoy, Noticiero Nacional?)
Amar y Vivir será tal vez la primera serie / novela con tal contenido que me fue permitido ver en la casa, y debo confesar que jamás he visto algo que me llame más la atención en la televisión nacional, porque si, de resto el tema varía entre las tetas y el narcotráfico.
Recuerdo que Amar y Vivir en la pantalla chica, en el sentido más estricto de la “justicia”, acababa con la muerte de Joaquín. La película fue más condescendiente y le dejo vivir, luego de una larga temporada en la carcel. Mi papá dijo: “El primer final es el correcto”.
Me pregunto si Luis Eduardo Motoa ya se había “definido” en aquel entonces.
cinealoido on Septiembre 1st, 2009
José Luis -> Buen par de preguntas. Creo que era el noticiero nacional. (Pastrana era alcalde de la ciudad y ya no había que aguantarselo presentando noticias) – No tiene nada que ver pero quería hacer la anotación.
A Luis Eduardo Motoa lo vi unos meses después en la casa del teatro nacional en la presentación de una obra del grupo Petra (Fabio Rubiano) y claramente ya estaba “definido”.
Sabia senctencia de su papá: el primer final es el correcto. Toda la razón. Los primeros finales siempre son los adecuados. Segundas versiones rara vez funcionan.
Saludos
cinealoido on Septiembre 1st, 2009
Vulturno -> qué memoria la tuya, hasta allá no llego y no he podido encontrar nada al respecto. Gracias por esos detalles que hacen más valioso este ejercicio de escritura. Saludos!
@alanafarrah on Agosto 19th, 2009
En 1991 (tenía 12 años) yo veía una serie llamada “La Alternativa del Escorpión”, escrita por los Mauricios, antes de que hicieran novelas y se volvieran desconocidos para mí. Una serie hecha desde las entrañas del periodismo, donde se veía la realidad de una forma crítica, claro, igual era ficción. Para esa época también veía Zoociedad. ¿Será que nuestros adolescentes tendrán programas como estos alguna vez? ¿Los escribimos? ¿Llegarán a la pantalla? Solo tengo preguntas.