La pérdida de la virginidad audiovisual
El domingo caminaba por Bogotá en compañía de Mari y de Carlos Caicedo. Estabamos por el centro, por la 26, y cruzamos por el frente de lo que fuera el primer teatro construido para ver cine en este país: El Gran Salón Olympia (Bueno, hoy allí funciona una sucursal de una entidad bancaria). Allí volvieron los recuerdos y la cantidad de imágenes que empecé a consumir desde muy pequeño.
Tenía 4 años cuando fui por primera vez a cine y fue precisamente en el Teatro Olympia en Bogotá. Ví “El Chanfle” de Roberto Gómez Bolaños. Sí, ese día me reí como el niño que era viendo las ocurrencias de todo ese combo de comediantes mexicanos. Me asombré como nunca antes por estar metido en esa caja mágica proyectando imágenes en movimiento. Eso fue hace como 29 años. Pero, ese día, fue cuando empecé a maravillarme con el mundo del cine, pero no fue cuando entendí qué significaban esos códigos de lenguaje. A pesar de la historia, había mensajes que seguramente no entendí por mi ignorancia en el tema audiovisual.
Un par de años después me di a la tarea de estudiar lo que era el cine. Leyendo biografías, leyendo historia del cine y después, años después, leyendo el lenguaje cinematográfico y audiovisual. Ahí, fue cuando perdí. Lo que siguió fue la debacle porque decidí adoptar lo audiovisual como oficio de vida, académica y profesionalmente.

“El Gran Salón Olympia” -> Imagen publicada con autorización de Luis Fernando Cuéllar
Todo es ficción
Desde ese momento no he podido volver a verme una película en paz. Ni una sola. Bien sea que la vea en el cine, o en un televisor, en un bus, o en un avión. Nunca más ha habido tranquilidad para disfrutar de una proyección frente a la pantalla que sea. Y sí que he visto cine. Mucho cine. Es lo justo.
Perder la virginidad audiovisual (como he pretendido titular o rotular este estado) no significa otra cosa que desprenderse de la capacidad de sorprenderse en cualquier proyección audiovisual. Cuando aprendes a leer los códigos de comunicación de una película.
Me pasa que muchas veces me pongo a contar el número de planos que hay en una cinta. Otras leo el detalle de cada guión, otras tantas analizo los diálogos, encuadres, colores, matices, sonido, edición…. en fin, se vuelve una tarea de aprendizaje en la que a veces termino motivado más por el oficio que por la película misma. Muchos dicen: es lo justo. Yo digo que no es justo. No se si a todos le pase lo mismo, pero creo que entre más te metas en la tarea de aprender algo, más lo deberías disfrutar. Sí que disfruto ver y hacer lo audiovisual, pero muchas veces el tormento del “saber” ataca a puntos en los que la sorpresa a veces no llega. Ni con novelas o series gringas (lo he intentado).
Jornadas de proyecciones a ver si se me quita la pendejada se convierten en jornadas de aprendizaje audiovisual, de disfrute pasajero, pero muchas veces de tormento por tanto código de imagen.
Todo es realidad
Por eso mi tendencia documental. Leer y contar historias que me sacudan a cambio de no prevenciones estéticas o argumentales. No se si realmente la realidad supere la ficción, teniendo en cuenta los lugares y espacios soñados que montamos en nuestras vidas. Pero sí creo que la realidad realmente supera la ficción que me gusta consumir. Y no cualquier realidad (no Pirry, por favor).
No estoy diciendo que sepa mucho del tema, por el contrario me siento cada vez más ignorante. Simplemente estoy afirmando que al haber aprendido a leer e interpretar, he perdido mi capacidad de asombro y relax frente a una pantalla, la que sea.
¿y usted cuando perdió su virginidad en este tema? Si no lo ha hecho, lo felicito de corazón.
9 Comentarios
medea on Julio 15th, 2009
Entonces a mi me pasó lo mismo con el teatro. Desde que estudié eso, no soy capaz de ver una obra sin estar adivinando si los detalles del vestuario son a propósito o debido a una falta de presupuesto, cómo están los beats, las actuaciones, las decisiones actorales que se distancian del texto, los ejercicios de exploración al personaje que quedan visibles dentro de la obra. A veces voy al teatro y trato de desconectar esa parte del cerebro: Poder disfrutar, sonreir y creérmela por un momento. No he podido. Por eso casi que ya ni voy :/
anavallejoc on Julio 15th, 2009
No, yo si las disfruto igual, porque al final yo no he estudiado cine ni audiovisual. Yo con toda la ingenuidad sigo siendo espectadora consumista. Aunque a veces los análisis, que siempre son simples hacen que pierda la bonita sensación de ver buenas y malas peliculas. Por eso, a veces solo consumo. Y todavía entonces soy virgen.
jondeiviz on Julio 15th, 2009
y entonces ke…..los chef entonces ya no disfrutan lo ke komen???, los kantantes no escuchan musika??? pregunto yo….RELAX…si pacho….RELAX!!!!…kreo ke pa empesar a ver algo antes ay ke tener una motivacion ke me insite a ir…no, una obligacion, y de ahi todo se disfruta!!!!
ojala pacho men se kure de ese maleficio!!!!
astronautaperdido on Julio 15th, 2009
Yo tampoco soy virgen.
Si cuento hasta el número de planos que hacen en las propagandas, paila, perdí el año en inocencia. Si, disfruto y tal, pero siempre, siempre, siempre yo estoy analizando. La cámara, la luz, el diálogo. Y disfruto mucho y me asombro, pero nunca será como antes.
Cuando digo antes, a que me refiero? A 2 situaciones puntuales:
- Tenia unos 7 años y me llevaron a un teatro en Montería a ver Prisioneros de Guerra 3. Era la primera vez que iba a un teatro y durante la película algunos ratones brincaban juguetonamente y se colgaban de los telones rojos del teatro… Esa imagen nunca se me borra… Asquerosa y cautivante, lo juro.
- Tenia yo unos 6 años y en la casa de mi mamá (que no vivía con nosotros), estaban su novio y un proyector. El novio nos puso una película de esas de 16 mm y resulta que la puso al reves… Mickey Mouse en blanco y negro salía desde el agua y desafiando todas las leyes de la física terminaba ubicado perfectamente en un trampolín, para luego bajar las escaleras… Asombroso, realmente.
El tiempo que se fue, hace tanto.
josorio on Julio 15th, 2009
Pacho muy bien pero no me gustaría contar los planos y esas otras cosas que vos sabes de lo audiovisual.
En lo del enano boyaco deacuerdo no más Perry.
raeioul on Julio 15th, 2009
mi comentario es un poco más noventudo… mis papás nunca me llevaron a cine (snif)me crió la tele y los primeros encuentros fueron con los dibujos animados, mi admiración por bugs bunny se mantiene intacta y cada vez me gusta más… luego los supercampeones, el mundo de bobby, los thundercats,los pitufos, el conde patula, las aventuras de tom sawyer… etc. todos ellos son culpables de qué decidiera dedicar mis días a dibujar.amén u_u
jairoo on Julio 16th, 2009
Como diria el gran filosofo guatemalteco R.Arjona “..tambien es mi primera veeeeez…”
Mi primer recuerdo cinematografico es E.T. y hoy la veo y aun lloro
, mis papas me llevaron a verla a algun cine en medellín que no recuerdo, aunque debería…me imagino que fue ese que quedaba en el parque de Bolivar. Ese es mi primer recuerdo “pop”… pero el que escribirán en mi biografia no autorizada es cuando me llevaban a ver el “martir del calvario” con Enrique Rambal. Esa fue mi primera experiencia del tipo “jesus esta sobrevalorado”
Aun asi, vi muchas peliculas de semana santa antes de perder realmente la virginidad. Ahora analizo las secuencias de acción en La era del hielo, y me fijo en las horribles uñas de Megan Fox en Transformers.
Maya on Julio 27th, 2009
Pues eso de no poder disfrutar la cosa, por andar pensando en cómo está hecha, qué le falta y qué le sobra, solo me pasa cuando la historia y la narración no me enganchan… primero voy a lo que voy, que es a entretenerme, voy en busca de ese espacio y tiempo destinados al disfrute total, y empieza la cosa… si la historia y la narración, no logran que me intrigue, inevitablemente la mente pasa al siguiente topic: la forma. Aún así, me empeño siempre en no pensar mucho sobre la técnica… el que piensa, pierde.
geosdigital on Julio 15th, 2009
Que buen articulo, no soy tan detallista a la hora de ver una pelicula, entonces tengo tabues visuales (o sera pereza) para tanta información, pero igual eso enriquece las 1ras veces que me metia con una cinta..