Una historia de camiones y camioneros salidos de la televisión
Muchos se habrán enterado del proyecto que he emprendido desde la semana pasada, los que no lo han hecho estan a tiempo de cogerle el hilo. Salir en un camión por el país, o bueno por algunas rutas o carreteras de esta “patria” recogiendo historias y documentando la vida de este gremio y de todo lo que vaya saliendo en el camino. Eso se llama 8ruedas y ha sido de lo más grato y divertido.
Cuando arrancaba este proyecto audiovisual con distribución vía web, no dejaba de acordarme de mis “compromisos” televisivos y retumbaba en la cabeza una serie de televisión de finales de los setentas que llegó a nuestras pantallas. Los más jóvenes o Sub-30 que llaman, seguramente no tendrán idea de lo que hablo: Bj Mckay.
Por acá el cabezote de la serie
Billie Jean McKay, alias B.J. era un man que recorría Estados Unidos en un camión rojo y blanco, acompañado de Bear (un chimpancé) buscando aventuras de carretera. Cada semana era algo diferente. Como toda historia, novelón, serie de acción o película que se respete, siempre debe haber un antagonista. Acá estaba encarnado (que recuerde) en 3 personajes que representaban la ley. Como casi siempre pasa, los de la ley eran corruptos: el sargento Beauregard Wiley y sus dos sheriff, Master y Caín.
La influencia y la forma de cumplir los sueños
La herencia televisiva nos hace permeables al cumplimiento de los sueños, cualquiera que sea la etapa de nuestras vidas. Ser camionero era una obsesión para un amigo. Teníamos apenas como cinco años cuando la serie llegó a la cadena uno y andabamos pegados a las pantallas. Recuerdo que en el parque del barrio en Bogotá jugabamos a ser conductores. El amigo (que no recuerdo cómo se llama) siempre pedía ser BJ. Otro pedía ser conductor de Copetran (sí, tenía que ser Copetran). Yo era más humilde y pedía ser conductor de buseta bogotana. Recreabamos las historias que el aventurero gringo tenía semana tras semanas. Era un rito. Al día siguiente de la emisión de cada capítulo, nos citabamos ahí alfrente en el parque, a buscar cómo jugabamos con lo que habíamos visto en cada capítulo [yo montaba los (¿guiones?) de las historias a representar]. Hasta el mico (un muñeco) lo montabamos en los carros imaginarios que conducíamos. Incluso simulábamos las paradas en el Country Comfort Truck Stop (sitio de parada de descanso de los camioneros del condado).
Casi 30 años después me vuelvo a montar en un camión (ya lo había hecho hace un par de años en un viaje corto, para otro documental). Ya no era un vehículo imaginario. Durante todos los días en los diferentes recorridos el Bj Mckey seguía metido en mi cabeza. En una de las tantas historias, Juan Camilo el conductor del 8ruedas confirmó que había uno de sus colegas que portaba con orgullo el apodo de Mckey.
Esos días de travesía por las carreteras (y que continúa en próximos días) me sirvieron para evaluar muchas cosas. La necesidad de realizar o dar por cumplidos los sueños o metas nos hacen débiles ante el reto de sentirnos vivos, de hacernos visibles ante la gente. Meterse en los pantalones de un Bj Mckey es un ejercicio aplicable a cualquier otro rol o profesión en la vida. Casi siempre todos estamos buscando excusas para escapar de nuestra realidad o de por lo menos vivir una diferente. La televisión nos influencia a vivir realidades ajenas, prestadas. Bj Mckey me ha prestado su vida para vivirla en 8 ruedas y recordarla como un fenómeno más de la existencia influenciada por una pantalla, la que me sigue manteniendo los Ojos Cuadrados.
La pregunta correspondiente
¿Alguien se acuerda de esta serie? Se que el target es más selecto y que debes haber pasado de los 30 para acordarte. Aquellos viejitos y cuchitos recuerdan algo de esto, o de otra serie que tenga que ver con viajes de carretera a bordo de vehículos? Adelante, cuéntenlos!
El día jueves o viernes se hará lanzamiento oficial de la convocatoria Ojos Cuadrados. Atentos que de esta semana no pasa. Temas de marca son los que frenan lo que por nuestra cuenta hubiera salido hace tiempo. Ahí dispensan.





